Comparaciones y autocrítica: aprender a valorarse también es un proceso migratorio

Venir a Alemania como higienista dental es, en muchos sentidos, una oportunidad de crecimiento. Pero también es el inicio de una comparación constante. No con tu yo de antes, sino con tus compañeros de aquí. Cómo hablan, cómo se comunican con los pacientes, cómo se mueven con seguridad en un sistema que para ellos es natural.

Al principio, esa comparación aparece casi sin darte cuenta. Ves a otros higienistas desenvolverse con soltura y empiezas a pensar que tú no estás al mismo nivel. No por tu trabajo clínico, sino por todo lo que rodea a la comunicación. El idioma pesa más de lo que imaginabas.

La autocrítica profesional entra fuerte cuando el alemán no fluye. Sabes lo que quieres decir, sabes lo que estás haciendo, pero no puedes expresarlo como te gustaría. Y ahí aparece la idea de «no soy suficiente», aunque en el fondo sepas que técnicamente haces bien tu trabajo.

Hay situaciones muy concretas que duelen. El paciente entra hablando con naturalidad, todo es cercano, espontáneo. Pero cuando empiezas a hablar tú, a veces notas un cambio. Las respuestas se vuelven más cortas, más monosilábicas. Y en ese momento piensas: se han dado cuenta de que no soy de aquí. No siempre pasa, pero cuando pasa, se siente.

Ese tipo de experiencias alimentan el síndrome del impostor. Te exiges más, te comparas más y sientes que tienes que demostrar constantemente. No porque seas peor profesional, sino porque estás trabajando en un idioma que no es el tuyo.

Todo esto forma parte de un proceso. Y es un proceso lento. A veces tan lento que no ves avances. Estudias alemán, te esfuerzas, te expones cada día… y aun así hay momentos de desesperación. Momentos en los que sientes que no avanzas, que sigues atascado en el mismo punto.

Y dentro de ese proceso lento, hay algo que nadie te dice: el agotamiento de no entender. No hablo solo de conversaciones complicadas. Hablo de situaciones cotidianas en la clínica donde alguien te explica algo, lo repite una vez, dos veces, tres veces… y tú sigues sin captarlo del todo.

Es frustrante. Para ti, porque sientes que estás fallando. Y a veces también para la otra persona, que no siempre tiene la paciencia o el tiempo para seguir reformulando. En esos momentos te invade una mezcla de vergüenza y cansancio mental que es difícil de explicar. No es solo «no entender», es el esfuerzo constante de intentar procesar todo en un idioma que te exige el doble de energía.

Hay días en los que llegas a casa y lo único que quieres es silencio. Nada de alemán, nada de esforzarte por descifrar. Solo desconectar. Y eso también es parte del proceso. Aceptar que migrar no solo es aprender, sino también gestionar el agotamiento que viene con ese aprendizaje.

Pero si miro al pasado, la realidad es otra. Cuando llegué no sabía nada de alemán. Nada. Hoy puedo expresarme más, puedo comunicarme mejor con pacientes y compañeros, puedo trabajar en este idioma. No como me gustaría todavía, pero mucho más que antes. El problema es que, cuando estás dentro del proceso, cuesta ver esos avances.

Hubo cosas que me ayudaron en los peores momentos, aunque parezcan pequeñas. Compañeros que hablaban más despacio sin hacerme sentir tonto. Pacientes que, al notar mi esfuerzo, me regalaban una sonrisa de complicidad en lugar de incomodidad. Días en los que una conversación, por primera vez, fluyó sin que tuviera que traducir mentalmente cada frase.

No fueron grandes triunfos. Pero fueron anclas. Momentos que me recordaban que, aunque lento, sí había movimiento. Y que no estaba solo en esto.

Aprender a valorarte también es un proceso migratorio. No es pasar de «soy menos» a «soy perfecto». Es entender que estás construyendo algo desde cero, en un entorno que no es el tuyo. Compararte con quien nació aquí no es justo, aunque sea humano.

Si estás pensando en venir a Alemania, es importante que lo sepas: habrá comparación, habrá autocrítica y habrá días de frustración. Pero también habrá crecimiento. Incluso cuando no lo veas. Y un día, mirando atrás, te darás cuenta de que sí avanzaste. Más despacio de lo que querías, quizá. Pero avanzaste.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *