Qué echo de menos de España viviendo en Alemania

Irme de España para vivir en Alemania fue una decisión muy consciente. Sabía que iba a ganar cosas importantes, pero también que iba a dejar otras atrás. Con el tiempo he aprendido que echar de menos no significa arrepentirse, significa haber tenido una vida con vínculos reales. Y aun así, volvería a tomar la misma decisión.

Si estás pensando en dar el paso, o si ya lo diste y hay días en los que todo se siente demasiado difícil, quiero que sepas algo: es completamente normal extrañar lo que dejaste. No significa que te hayas equivocado. Significa que lo que construiste antes importaba. Y lo que estás construyendo ahora también.

La familia y lo que no se puede sustituir

Lo que más echo de menos de España es, sin duda, a mi familia. No estar en lo cotidiano, en las comidas improvisadas, en los pequeños momentos, pesa más de lo que uno cree cuando se va. Da igual lo bien que te vaya fuera, hay ausencias que no se compensan con nada. También echo mucho de menos a mis gatos, porque al final representan esa idea de hogar que no se puede trasladar a otro país sin más.

Otra cosa que echo mucho de menos es el idioma. Cuando estoy en español, descanso. No estoy pensando constantemente si he entendido bien, si he usado la palabra correcta o si me he perdido algo importante. En alemán, aunque ahora me defiendo y lo uso a diario, la cabeza nunca se apaga del todo. Siempre hay una pequeña presión de fondo: entenderé, no entenderé, lo habré dicho bien. Ese desgaste mental existe y se nota.

Sentirte en casa cuando el hogar cambia de lugar

Lo curioso es que ya no me siento del todo en casa cuando vuelvo a España. No en el país como tal. España sigue siendo parte de mí, pero mi sensación de hogar, a día de hoy, está más en Alemania. Aquí he construido mi rutina, mi estabilidad, mis objetivos y mi proyecto personal. Y eso hace que el concepto de «casa» cambie, aunque al principio cueste aceptarlo.

Echo mucho de menos la vida social. Probablemente es lo que más. Esto está muy ligado a dónde vivo ahora. Leipzig es una ciudad más pequeña que Barcelona y la forma de relacionarse es distinta. Todo es más tranquilo, más reservado, menos espontáneo. No es peor, es diferente, pero cuando vienes de una ciudad grande, abierta y social, el contraste se nota muchísimo.

A veces pienso que quizá me habría ido a otra ciudad más grande. Pero siendo honesto, en una ciudad grande habría sido mucho más difícil aprender alemán. Allí mucha gente acaba hablando directamente en inglés, incluso después de llevar años viviendo en el país. Yo vine a Alemania con un objetivo claro: estudiar y aprender el idioma. Por eso, elegir una ciudad más pequeña fue la mejor opción, aunque tuviera un coste a nivel social.

La nostalgia no invalida la decisión

Echo muchas cosas de menos de España: mi familia, el idioma, la vida social, la facilidad de las relaciones. Pero aun con todo eso, volvería a tomar la decisión de venirme. Porque lo que he ganado a nivel personal y profesional pesa más que lo que he dejado atrás. Y porque crecer, muchas veces, implica aprender a convivir con la nostalgia sin dejar que te frene.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *