Pacientes que notan la evolución del idioma
Cuando tomé la decisión de venirme, la verdad es que no tenía ni idea de alemán. Ni siquiera sabía cómo sonaba realmente en el día a día. Hice un curso intensivo y logré sacarme el nivel B1, pero la realidad es que lo que te enseñan en una escuela y lo que te encuentras luego en la calle —y más aún en una clínica dental— son dos mundos totalmente diferentes.
La inseguridad ha sido una compañera constante en este proceso y, para ser sincero, a día de hoy me sigo sintiendo inseguro en muchos momentos. Una de las cosas que más me ha costado es encontrar mi propio tono de voz en alemán; siento que aún no sueno del todo «yo» cuando hablo en otro idioma. A eso se le suma la frustración que sientes cuando intentas explicar algo en la cita y ves que el paciente no te entiende a la primera y tienes que buscar otra forma de decirlo.
Sin embargo, el trabajo de higienista dental en Alemania tiene una particularidad muy bonita: a la mayoría de los pacientes los ves de forma recurrente, normalmente cada seis meses para sus revisiones y limpiezas. Al principio no me daba cuenta, pero con el paso del tiempo fueron los propios pacientes los que empezaron a hacerme ver mi propio progreso. De repente, personas que había atendido en mis primeros meses volvían a la consulta y me decían, sorprendidas, lo muchísimo que había cambiado mi forma de hablar.
Muchos me confesaban con total sinceridad que al principio les costaba un poco entender me o que me notaban más trabado, pero que ahora todo fluía de una manera mucho más natural. Incluso hace poco una paciente me dijo algo que me dio risa y orgullo a la vez: me comentó que cuando me oye saludar y empezar la frase al principio parezco totalmente nativo, y que solo después, a medida que la conversación se profundiza, se nota que no lo soy.
Escuchar esos comentarios directamente de la gente que atiendes ayuda muchísimo. No solo te llena de confianza para afrontar el día a día en el gabinete, sino que se convierte en la mayor motivación para seguir estudiando, mejorando y perdiéndole el miedo a equivocarse. Al final, los pacientes no buscan un alemán perfecto, sino a alguien humano que los atienda con cuidado y profesionalidad.